Donostia
por on Febrero 14, 2018 en Eason

Si quien se marchó el 20 de enero
se desangra en tu pecho con cada golpe de tambor.
Si las paredes de este palacio inventado se acercan hacia ti rugiendo.

Si puedes ver el extranjero desde la mirilla de este 5A, aunque no te quieras ir, las puertas viejas tienen demasiadas rendijas y demasiado grandes.
Y si la fecha de caducidad de este verano te vierte entre esas rendijas sabrás de lo que hablo.

Es caro el alquiler.
Vendes tu vida, firmas palabras, se asoma bajo la puerta la factura del mes.
Si en cada llamada de la dueña ves que se acerca la última.
Si tres playas no son suficientes para dar cobijo a botes perdidos,
¿qué puerto podré yo encontrar para apaciguar mi alma?

Si a través del quinto puente me atraviesa lo que fuimos, lo que somos, lo que soy.
Si son cinco miradas las que lo construyen todo.
Horas perdidas son horas maduradas peinando el viento en agujeros de piedra, tragando recuerdos en amigos invisibles para que se queden pegados en las entrañas.

Cómo puede una hora de camino dividir dos mundos,
las raíces fundadas de la tierra de mi madre y aquel mundo resbaladizo diseñado con latidos.
Ai, aquel.
Aquel que aunque no quiera perder no tiene un número donde pueda llamar.
Aquel que moja playas de sal con su agua.
Aquella agua que aunque tenga sed no puedo beber.

Si el infinito no existe,
si nada es para siempre.
Le quitaré los finales a cada segundo para crear una única unidad de tiempo y vivir allí.

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